YULI NACIÓ EN UN CAMPO DE REFUGIADOS, LA MÚSICA LE DIO LA FELICIDAD QUE NO TENÍA Y YA ESTÁ EN LA HISTORIA GRANDE DE LA CUMBIA ARGENTINA

Su familia fue víctima de la segunda guerra mundial que desangró al mundo y, como una cruel paradoja, una pandemia maldita que azota al planeta acaba de alcanzarlo con sus garras para alejarlo de este mundo.

Czeslaw Popowicz, conocido simplemente como Yuli, emprendió el viaje eterno y nos dejó su música, su recuerdo. Hacía mucho tiempo que era una auténtica leyenda de la cumbia santafesina, por su voz, por su trayectoria, por sus temas de cumbia testimonial que cantaban todos y siguen grabando las bandas nuevas.

El largo parate de los espectáculos públicos impidió que se realizara el festejo en un teatro de Buenos Aires de sus 54 años de carrera.

Ya no será posible. Hoy cayó víctima del coronavirus, como otras 85.000 víctimas en el país.

Yuli fue en sí mismo una cumbia testimonial. Lo que hizo fue reflejar en canciones parte de lo que le tocó en vida.

Nació el 16 de enero de 1946 en Bari, Italia, en un campo de refugiados, en el seno de una familia polaca.

Como miles y miles de distintos países del mundo, su familia llegó al país empujada por el hambre y la necesidad de escapar de los horrores de la guerra.

Sin embargo, nada sería como se habían imaginado y la familia se desmembró ni bien llegó a Santa Fe. Dos hermanas se criaron en un convento y él y sus hermanos deambularon de un lado al otro, siempre en la pobreza más extrema. Inclusive conocieron la cárcel.

Yuli reveló que una de sus canciones más conocidas, “Asilo de menores”, es autoreferencial.

Hablaba polaco y nada de castellano. Los chicos se burlaban de él y lo maltrataban. Sus padres, analfabetos, poco pudieron hacer por sus hijos.

En plena adolescencia descubrió que la música podía ser un vehículo para huir de los sinsabores de la vida.

Primero formó “Santa Cecilia tropical”, Luego “Los Palmeras” y en 1978, “Yuli y Los Girasoles”.

Santa Fe y el Gran Buenos Aires aplaudieron sus canciones. Cubría las distancias de una provincia a otra con entusiasmo y alegría. En el sur del conurbano llenaba bailes y generaba emociones que lo sorprendían.

La vida lo siguió golpeando en forma permanente (por ejemplo, perdió todo en una gran inundación en la ciudad de Santa Fe). A todo se sobrepuso. Después de una operación al corazón, volvió a los bailes sin alta médica. Luego se reía entre sus amigos: “La música me hizo bien”, señalaba.

Yuli se despidió hoy de esta vida. Deja una historia de lucha, su sello en un género musical llamado cumbia santafesina y muchísimas canciones que seguramente seguirán sonando por años.