CAMBIÓ SU VIDA EN EL BARRIO POR UN CASO EXTREMO DE INSEGURIDAD; SU ILUSIÓN ES VIVIR ALGÚN DÍA EN UNA CASITA DE CAMPO

En las notas anteriores se tocaron sus novedades musicales, las canciones nuevas y el armado de su segundo disco.

En la extensa charla con Rodrigo Tapari hubo un momento en el que se habló del barrio donde vive, del precio de la fama, de la inseguridad, de una nueva casa que está construyendo y de un futuro de paz, en el campo, que anhela para su vejez.

El cantante no eludió los temas que le fuimos planteando. Mostró su intimidad sin reservas.

-Te criaste en Monte Grande y seguís en Monte Grande.

-Sí, es verdad. Antes  vivía con mi padre, a unos 2 kilómetros de acá, más a las afueras del centro. Después  nos mudamos con Anto a esta casa que hicimos. Y si Dios quiere, dentro de poquito vamos a terminar la que  estamos construyendo en un barrio en Canning, cerquita de aquí.

-Hay gente que arrancó en zona sur, como vos, y con los años se fue para otro lado.

-Nosotros compramos un terreno en Ramallo, con la idea de quedarnos allá, en el campo. Pero cuando empezamos a trabajar mucho acá, decidimos invertir más cerca. No es el campo, específicamente, pero es de lo que más se acerca. Tiene un aspecto muy particular, es muy pacífico y, en este caso, hasta tiene una laguna artificial. No irnos de Monte Grande tenía muchos motivos. Por un lado, estar cerca de la familia. Además, conocemos todo muy bien, sabemos cómo manejarnos, aunque no salimos mucho afuera.

-¿No tuviste dificultades por la fama? A más exposición, más problemas.

-Esa es la palabra, lamentablemente. En un punto es un gran problema. Con la popularidad se complica todo porque la gente cree que uno es millonario. Ya tuvimos muchos robos y directamente hoy no salimos a ningún lado. Y si salimos, es del garaje al auto y de allí al garaje de nuevo. Mucho contacto con la calle no tenemos. Por eso también la idea del campo, y ahora la posibilidad de un barrio privado para que Luciana tenga la libertad de poder salir, andar en bicicleta, que acá no es posible por una cuestión de inseguridad.

-¿Tuviste alguna situación de inseguridad dramática? Aunque todos lo son, por supuesto, pero hay algunos más traumáticos que otros.

-Sí, tuvimos. No llegaron a entrar a mi casa, pero sí nos robaron muchas veces en la puerta. La última vez fue bastante dura. Me agarraron, me pusieron el arma en la cabeza, a mi esposa se le metieron dos personas en el auto, también con armas. Querían que entremos el auto al garaje, pero no lo hicimos. Se armó tanto despiole que salieron los vecinos y estos tipos se tuvieron que ir. No iban a entrar porque estaba mi hija adentro y nosotros nos opusimos. Nos los íbamos a dejar entrar. Preferíamos que nos mataran. 

-¿Hace cuánto de eso?

-Eso fue como unos seis años atrás y ahí fue cuando decidí cerrar toda mi casa. Ahora está como si fuera un bunker. Tenemos un portón ciego adelante, tenemos cámaras con las alarmas y aparte tenemos la seguridad privada que, cuando le avisamos, viene para casa. Por eso también lo del barrio privado. Acá estamos bien, porque es la casa que hicimos con mucho sacrificio, pero tampoco es vida estar así. Me gusta mucho el campo, abrir la ventana y ver el verde, escuchar los pajaritos, ir a tomar mate afuera. Tenemos un patio atrás, pero no es lo mismo que salir a la vereda y poder caminar y pasear al perro tranquilo. No vamos a estar alertas todo el tiempo como ahora.

-¿El campo viene por una cuestión familiar?

-El campo creo que me lo transmitió mi papá, que es de Santa Fe y siempre tuve esas ganas de recorrer su provincia. Con la música tuve posibilidades de conocerla. Por ejemplo, me encanta la playa, siempre lo disfruté; pero cuando voy al campo es como que es mi lugar. Siento una libertad que no experimento en otros sitios. No es algo que pueda explicar. Es como que lo llevo adentro y pienso que me viene en la sangre, por mi papá. Por eso compramos un terreno en Ramallo, que es pasando San Pedro. Le dije a mi esposa que ahí quiero hacer un ranchito de campo,  con tranqueras, con huerta, con animalitos, para que pasemos ahí nuestra vejez. Ese fue siempre mi sueño.

-El Mago Benítez tiene algo así, en Corrientes. ¿No?

-Sí, lo conozco. Es muy lindo, estuvimos jugando a la pelota y todo en su casa en Corrientes. Es muy lindo el lugar, aunque él tiene acceso rápido al centro;  lo mío en Ramallo es más campo todavía. El terreno linda con otro donde se planta soja. Ves el tractor, la gente trabajando ahí, y el centro es chico, se conocen todos.

-¿Siempre fuiste cumbiero o de chico estabas en otros ritmos?

-Desde siempre escucho muchas cosas: flamenco, música española, pop, soul, góspel…y la cumbia siempre fue parte de nuestra familia. E incluso mis primeras bandas siempre fueron de cumbia.  

-Tantos años de gira, los 14 que viviste con Ráfaga, más lo que se va dando ahora como solista, ¿no te quitó cosas, no te cansa?

-Creo que las giras te cansan cuando uno no se siente lleno y feliz. Yo hoy me siento pleno con lo que estamos logrando y siempre tengo ganas de hacer más. Pero en la gira uno obviamente tiene que tener cuidado; tratamos de tomarnos el tiempo de descanso y, cuando podemos, tomarnos con la familia ese tiempo para un viajecito y para disfrutar. Tiene que ser así. Un poco y un poco. Que no sea sólo trabajo. Porque uno trabaja para solventar sus necesidades y dentro de las básicas nuestras también está el descanso. Por eso, el trabajo y las giras no lo vivimos como algo pesado, sino al contrario, porque tenemos un tiempo para todo.

-Te respetan mucho no sólo como cantante. También como autor y compositor. ¿Tenés computado cuántos temas llevás?

-Sí, por las herramientas que nos da SADAIC para tener allí todo registrado. Son más de 100 canciones que hasta el día de hoy compuse, no solamente para  mí. También para Grupo Ráfaga en su momento, y para otros artistas, como Daniel Agostini,  Codigo Fher, una banda muy reconocida en Bolivia. Actualmente, para Ezequiel y La Clave, para Walter Encina. En su momento,  para Diego Ríos, cuando estaba en El Stylo.

-Es mucho.

-Sí, incluso para el tiempo que tuve para componerlo, porque estuve continuamente trabajando; pero, bueno, ocurren algunas ideas y trato de plasmarla en música y canción. No hay mucho tiempo para dedicarlo a la composición porque uno también canta y yo vivo de eso, pero lo hago con mucho respeto y con mucho amor. Y tiene que ver con lo que nace del cielo. Nunca compuse  una canción estructurada, por parte. Es una inspiración y  tengo que componerlo de punta a punta, nunca dejo una por la mitad. Al estar en el camino de Dios, mediante la oración pedimos qué es lo que quiere que compongamos, que mostremos. Así nació la canción “Es tan grande este amor”, que compuse para Dios.  

Fotos

Momento de felicidad en una visita a un campo, durante una gira; con su esposa (Antonella) y su hija (Luciana) en México. Le dijo a MDT que no todo debe ser trabajo en la vida, aunque la música es su gran pasión.