Revisar el archivo te da muchas sorpresas. El líder de Damas Gratis le dijo esto a MDT en abril 2012, cuando empezó a ser considerado el rey de la cumbia. Releé la nota y sorprendete .

Pasó por el piso “dorado” (en rating) de Susana Giménez, grabó con Andrés Calamaro y Vicentico, su música sonó en la avenida 9 de Julio y lo aplaudieron miles de manos desde el Obelisco a Constitución. Cada fin de semana, otros miles y miles bailan a lo largo del país mientras él desgrana sus sentimientos desde el escenario. Sin embargo, a su último CD, lo bautizó “Esquivando el éxito”. Y cuando habla parece un músico que recién empieza. Y nos pide con humildad que nombremos a 20 o 30 bailes que lo contratan siempre y a cuyos dueños ya considera “amigos de la vida”; revela que se emocionó en la despedida de Monumental, de Moreno, y nos cuenta de un consejo de Antonio Ríos que seguramente “El maestro” no recuerda porque se la dijo a un pibe de 12 años. El chico (Pablo Sebastián Lescano) guardó las frases en los pliegues del alma, las transformó en su bandera y su destino, y le fue extraordinariamente bien.

Arrancamos la nota con Lescano hablando de su nuevo CD y, como siempre, nos sorprendió con revelaciones.

-¿Qué te dejó grabar con Andrés Calamaro y con Vicentico? Al menos contanos algunas sensaciones.

-Son fenomenales. En un día terminaron todo. De Andrés me sorprendieron muchas cosas, pero sobre todo las clases de voces que tiró. Hacía primera, segunda, tercio…Y todo con naturalidad. Después me preguntaba: ¿Cuál dejamos? Y no sabía qué contestar porque todas estaban buenas. Gabriel (Vicentico) también es re humilde. El me decía que si lo tenía que cagar a pedo, que lo hiciera. ¡Por favor! No tuve nada que decirle. ¡Si es un profesional de puta madre!

-También grabaste con Hugo Lobo, con Luis Ornela, con Nayely. ¿Te gustaría otro artista conocido para el próximo CD?

 -Recién me llamó “El Yanqui” (su animador estrella) y me decía para hacer algo con Mario Pereyra. Estaría bueno.

 -¿Lo conocés, lo tratás?

-No, pero me gustan mucho Los del Palmar. Una vez hablé por teléfono con Mario.

-¿Qué sentís cuando te dicen El rey de la cumbia?

 -No me genera nada. Me pone contento porque amo la cumbia, pero jamás lo diría. Que lo diga la gente si lo cree así.

-Alguna vez nos contaste tu preocupación por el fenómeno del reggaeton, que conquistó muchos mercados. ¿La cumbia argentina tuvo respuesta para ese avance?

-Hay respuestas para todo. Lo que hay que pensar es como le hacés frente. Yo pienso que  la manera es generar buena música.

 -¿El fenómeno wachiturro le va a dejar algo a la cumbia?

 -Todo marca tendencia. Seguramente algo le va a dejar. Lo que pasa con estos pibes es lo mismo que en su momento pasó con Alcides y seguramente dentro de 10 años recordaremos que en el 2011 unos pibes la “rompieron” con unos temas y con su manera de bailar.

 -Muchos especulaban con que te pasarías al mundo del rock y sin embargo se te nota feliz de seguir trabajando en todos los bailes populares de todo el país.

 -Para nada. Yo toco en la bailanta, soy un músico de cumbia y no me olvido de mis orígenes. Puedo hacer alguna fiesta privada, también me siento cómodo en otros sitios adonde voy, pero lo que me da de comer y lo que me gratifica son los bailes a los que fui siempre y a los que espero seguir yendo. A mí me encanta tocar en Tropitango, Rescate, Tornado, Rescate, Monumental, Jet Set, Mambo, Morena Estación Bailable, Rimbo, CCP, Kory, Diversión, Metrópolis y todos los otros a los que voy en Buenos Aires. Lo mismo los del interior del país. Fui a tocar en la última noche de Monumental, de Moreno,  y me dio mucha pena. Me daba melancolía porque es un lugar donde estuve muchísimas veces. Yo me crié en estos bailes y los tengo en el corazón.

 -¿Cuáles son los géneros de la cumbia que más te gustan?

 -Todos. Yo escucho todo.

-¿Hubo algo de lo último que te sorprendió?

 -El fenómeno turro. Hay cosas que están buenas.

-¿El show del vasito en la cabeza lo trajiste de Paraguay?

-Es cultura. Yo se lo vi hacer a un amigo de mi viejo que venía a casa a comer. Una vez le pidió el  salero a mi mamá, se lo puso en la cabeza y se puso a bailar. Y después lo hacía siempre. Eso me quedó y un día se me ocurrió sumarlo al show, porque siempre hay que sorprender a la gente. Por supuesto cuando hay clima de fiesta, cuando la gente está contenta. -¿Una parte de la sociedad tiene prejuicios con la cumbia? -En las radios de formato es imposible entrar. Ya la tengo clara. Te piden que cambies tal o cual cosa. Les digo: andá a cagar. Me invitan para hablar pero no quieren pasar mi música. Entonces les digo que sí, que está todo bien, pero no voy…

-Tu hermanito te acompaña a los shows.

 -Titín tiene 9 años y a veces sale con nosotros. Y yo lo hago participar, le paso el teclado. -¿Tiene pasta? -No lo sé todavía. -¿Vos empezaste a esa edad o después? -Más grande, a los 12. El tiene todo a mano. Los instrumentos están a su alcance. Cuando los encontramos desafinados nos damos cuenta que por allí anduvo Titín.

-¿Te gustaría que él o tus hijos sigan tus pasos?

-Sí, olvidate. Tomi, mi hijo, también tiene 9. Yo le enseño, pero no tengo mucha paciencia. Quisiera que tomaran las cosas con mayor pasión. Por momentos me parece que no tienen vocación y entonces me frustro un poco. Lo mismo me pasa con la juventud. Me gustaría tener un lugar para que los pibes se formen, tener como un semillero.

-¿Y qué le dirías a los pibes como primera lección?

-Cuando era chico (tendría 11 o 12 años), en la calle Avellaneda, acceso a Tigre, veníamos con unos amigos de bailar en el Club Piñeyro, que quedaba en la estación Virreyes, y vimos que un Peugeot 504 necesitaba una mano. Nos acercamos para empujar y encontramos que adentro estaba Antonio Ríos. Cuando el auto arrancó, le dije que tenía una banda de barrio, que mi intención era dedicarme a la música. Y él me dijo unas pocas palabras y lo que me quedó fue: “Tenés que ser profesional”. Me quiso decir que le tenía que dedicar tiempo, que hay que pasarse muchas horas ensayando, tocando, escuchando música. Y eso tienen que entender todos los que quieren dedicarse a esto.

 -¿Qué sentís cuando el baile está lleno y la gente no para de bailar y de cantar tus temas?

-Se siente ser el hombre más alegre del mundo. Cuando veo a la gente tan feliz con mi música, siento que toco el cielo con las manos. Pienso en todos los sacrificios de la carrera y me digo: “¡Mirá adonde llegué!”.