En el título de la nota de tapa de MDT 119, en marzo 2017, dijimos que había llegado para durar mucho más que “Cinco minutos”

Hoy que su micro recorre cada vez más rutas argentinas, está más vigente que nunca aquella nota a Lucas Sugo que publicamos en marzo 2017 y que tiene mucho para reflotar, porque hablaba de su carrera, de su vida y de sus valores.  

Por eso, vale la pena recordarla. Y lo haremos en varias partes.

El largo ómnibus con su nombre y su foto, que lleva desde hace años a Lucas Sugo y su banda por todo el territorio uruguayo, cada vez con más frecuencia recorre también las rutas argentinas. Las ciudades y pueblos de Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe y algunas provincias más, se enamoraron de su música y miles de fans van a verlo cantar y tocar su guitarra a festivales multitudinarios. Es el máximo ídolo de la música tropical uruguaya, lo cual representa un fenómeno en sí mismo porque él es del interior. Más precisamente de Rivera, al norte del país, en la frontera con Brasil. En 2002 se sumó como cantante de una banda prestigiosa, Sonido Profesional, y en los inicios de 2013 inició su carrera como solista. Menos de dos años después llegó el gran éxito de “Cinco minutos”, la canción que enamoró primero a su país y luego a otras latitudes. Y ya no paró. Ganó discos de oro, dobles platinos, premios prestigiosos, reconocimientos y llenó estadios. A él le costó todo por ser del  interior y elegir seguir allí, con sus “colores y olores”, como le confesó a MDT en una entrevista en la que desnudó toda su sencillez y sensibilidad  en cada reflexión. En su momento, en pleno festejo del Atlético Madrid, Cristian “El Cebolla” Rodríguez subió al palco enfundado en la bandera uruguaya y con la voz de Lucas Sugo entonando “Cinco minutos” como música de fondo. Andan por YouTube videos en los que se ve a Edison Cavani y a Diego Godín, dos recios gladiadores de la selección uruguaya, felices como pibes cantando sobre un escenario junto a Lucas. Y hasta Luis Suárez lo llamó, tímidamente, para preguntarle donde tocaría cuando anduvo de gira por Barcelona, el año pasado, y luego se apareció con un amigo entrañable, argentino: un tal Lionel Messi, que luego pasó a saludarlo al camarín como un fans más y entonces el conmovido fue el músico, que se maravilló con la humildad del astro al que conocen hasta las piedras. “Cinco minutos” es su gran éxito y ya en el video oficial, que protagonizan una mujer mayor y un adolescente, se revela que no se trata de una canción para un amor de pareja, sino de amor filial, de una madre que quiere retener a su hijo para que no vaya al brazo de las drogas. El tema,  grabado por muchos artistas en La Argentina y en otros países,  no es el único éxito de Lucas. También están Llora mi garganta, A quemarropa, Misión imposible, No quiero verte llorar…y tantísimos otros.

SUEÑOS EN EL ESPEJO

– ¿Qué no imaginaste nunca cuando soñabas despierto en tu época de adolescente, cuando cantabas frente al espejo sólo para vos?

-Algo que me sorprendió mucho, y que nunca pensé, tiene que ver con la aceptación popular y este sueño hecho realidad de la valoración de mi carrera. Siempre veía en la tele que los artistas hablaban del cariño de la gente, de la energía de la gente. A mí realmente en mi juventud me parecía que era un verso, palabras bonitas que tiraban para quedar bien con el público. Pero en los últimos años descubrí que el cariño de la gente realmente se siente. Cuando subís al escenario y ves las miradas cómplices, te dicen que están contigo, disfrutando de ese sueño, que no es de uno sino de todos, porque noto que la gente  tiene como suyo este sueño de este muchacho que ha logrado cosas positivas en el arte. Desde allí arriba realmente se siente al público y he comprobado que el cariño de la gente te pega en el pecho. Por eso uno día a día tiene que tratar de demostrar gratitud. Lo tengo presente y yo día a día trato de darme mi tiempo para atender a esas personas o personitas que se acercan para un saludo, para una firma o una foto. Estoy viviendo en una burbuja gratísima todavía. Me parece que dentro de unos años, cuando mire para atrás, ahí si voy a tener una noción más certera. Sé que es grande lo conseguido, que he logrado números históricos a nivel de mi país, sé que estoy ocupando un lugar de privilegio en lo que hace a la parte artística. Ahora las luces están muy fuertes, pero gracias a Dios hay cosas que me permiten no encandilarme con las mismas.

-Llegar a lo más alto fue algo impensado para muchos en tu país, porque sos de una zona alejada de la producción y difusión masiva de la música, que es Montevideo. ¿Qué recordás de aquella época, de tu infancia, de tus inicios con la música, quien influyó en vos?

 -Y, todo fue difícil…como a cualquiera que vive en el interior. Mi país es especial, con una cabeza gigante que es Montevideo, por donde pasa todo. Nací en Tacuarembó y a los dos años me llevaron a Rivera, y vivo allí desde entonces.  Las oportunidades no son monedas corrientes acá en la zona. Tenemos el fenómeno de que las cosas importantes pasan en Montevideo. Las oportunidades están allá. Las puertas importantes para abrirlas están allá en cuanto a la necesidad de proyectar los sueños. Pero los sueños están, todos los tenemos. Me acuerdo que cuando era adolescente llegó el cable a casa y empecé a ver cosas que me  impactaron: cosas que pasaban a artistas en Brasil y en La Argentina y que realmente no sucedía a menudo con los artistas uruguayos. Y entonces había una especie de angustia en mi infancia y por esos temores que eran casi una certeza  de que las cosas no eran para mí. Pero gracias  a Dios estaba la palabra “casi”, antes que “certeza” y estaban las ganas totales por  ir tras las metas. Tuve una infancia muy linda, con mucha dignidad, sin carencias. Mi madre es maestra y me crió con mucha dignidad, con los valores que atesoro hasta hoy, de tratar de hacer las cosas de forma correcta, de manera prolija, de mostrar en el proceder diario la gratitud a las personas. Y la primera gratitud gigantesca que tengo es a ella, que  se llama Lucía Rodríguez,  y a mi papá, que también se llama Lucía Rodríguez. Ella fue mamá y papá. Y a mí no me faltó nada. Son cosas que las tengo presentes en mi corazón y me permitieron, cuando las cosas parecían distante, siempre tener ganas, siempre tener fe, siempre con el optimismo de ir detrás de las metas. Tanto fue el cántaro a la fuente que se dio. Pero realmente no fue como dice mi canción, “Cinco minutos y nada más”. Más de 20 años golpeando puertas hasta llegar a un buen puerto. Costó mucho,  y es importante para quienes lean esta entrevista, que a veces las cosas pueden llevar un tiempo si te planteas un sueño. A veces demora mucho. Lo más importante es perseverar y tener fe, de la mano de la formación. Hay que estudiar. Yo estudié cuando era joven justamente  para que cuando llegue el golpe de suerte (que a todos nos puede llegar) uno esté preparado para que se transforme en éxitos a nivel vida.

-Estudiaste música, pasaste por el conservatorio, tocás varios instrumentos. ¿Cómo nació esa pasión tuya por la música? ¿Siempre sentiste que iba a ser tu mundo?

-Sí, la música viene de cuna. Yo me crié con mi mamá y estoy seguro que gracias a ella llevo en la sangre  este amor incondicional hacia la música, que estaba presente en lo cotidiano, desde los tarareos constantes de ella en casa, que estaba escuchando música siempre, haciéndome respirar música desde niño.