Trece años atrás resolvió abandonar trabajos seguros y apostar por un gran sueño

-¿Te acordás como fue el arranque como solista, aquel 17 de julio del 2006?- le preguntamos en el inicio de una nota que publicamos en la edición 146.

-Sí, perfectamente. Fue en Dock Sud, en la Isla Maciel. Cumplía 15 años Valentina, la hija de Luis Días, amigo de mi representante Alejandro Estigarribia y luego también gran amigo mío. Armamos la banda en medio de la calle, tipo 6 de la tarde. Era lunes. Había llovido y sacaban el agua con el lampazo. Arrancamos con la música y la trajeron a ella, que salió de la casa. Hasta que cumplió 20, todos los 17 de julio íbamos a tocar para ella. 

-Tu arranque como solista fue espectacular. Porque enseguida empezaste a trabajar muy bien.

-Sí. Eso fue el lunes 17 y el jueves 20 fue el Día del Amigo. Trabajamos con todo el 20, 21, 22 y 23. Y ya no paré más. Fue muy loco lo que pasó.

-Venías con el arrastre del Aclamado Amistad, que te tenía como cantante, pero sólo tocaban por zonas. El sur del Gran Buenos Aires y parte de Santa Fe. En cambio, al poco tiempo como solista cantabas en todo el país.

-Sí, es verdad. Con el Aclamado tocábamos sólo en las cercanías de nuestra zona, pero a Capital no llegamos nunca. Estábamos de Coronda a Rosario. Y acá, sólo en la zona sur.

-Cuando arrancaste como solista, seguramente soñabas con cosas grandes, pero a lo mejor lo esperabas para más adelante. Sin embargo, el éxito se dio inmediatamente. ¿Cómo lo asumiste?

-Cuando tomé la decisión de armar el proyecto había sacado un porcentaje. Pensaba que de 10 personas que seguían al Aclamado, si cuatro también me apoyaran a mí yo ya estaría bien. Y lo mismo para los shows. De 10 de ellos, que yo hiciera cuatro, ya me daba por conforme. Tenía un trabajo de placero en San Genaro, mi pueblo. Hablé con el intendente y le expliqué que vendría a probar suerte. Le pedí que no me descontara los días y me conservara el puesto. Yo era delegado de mi sector y estaba en la comisión directiva de los trabajadores municipales, así que reuní a los muchachos y le comenté que decidía probar suerte en Buenos Aires. Que el intendente me dio permiso. Ellos me respaldaron. Les pedí que cualquier protesta que quisieran hacer por eso, que hablaran conmigo primero porque yo iba a la aventura y no podía saber qué pasaría conmigo. Y nunca renuncié, pero al año volví y le agradecí al intendente, que había sido compañero mío en la primaria, porque me había bancado en ese momento.

-¿Y acá cómo te arreglabas?

-Los primeros tiempos me hospedé en la casa de Alejandro, en el triangulo de Bernal. Cuando tenía que venir los fines de semana me alojaba en el Hotel Casablanca, en el centro de Avellaneda. Un día tocamos en el camping de los textiles en Berazategui y ahí me saco la  primera foto de la tapa del disco, con la camisa amarilla y corbata gris, y atrás hay unas cabañitas. Me encantó el lugar porque era un pedazo de San Genaro en Buenos Aires: árboles, pájaros, sol, canchitas de fútbol…Por medio de un amigo, Huguito Valetti, llegamos a los directivos, quienes me dijeron que sólo me podían alquilar hasta la época de vacaciones, ya que en ese momento la prioridad la tenían los afiliados. Acepté y me fui a la cabaña número 8. Cuando lo dejé, me fui a una casilla de madera en Solano, que me consiguió el chofer de la camioneta que trabajaba con nosotros. No fue mucho tiempo. Como iba y venía, me quedaba mejor volver al Hotel Casablanca. Y en una gira por el norte, me llama Alex y me comenta que los textiles me permitían volver a la cabaña. A partir de entonces, por tres años, la comisión directiva decidió que la cabaña 8 iba a ser ocupada por mí. En el verano, en la época de piletas, la gente hacía cola frente a mi casa para sacarse fotos. Dejé ese lugar cuando conocí a Mara, con quien me casé, y ella me convenció para comprar la casa donde vivo ahora.

-Imagino que tus primeras ganancias iban directo para San Genaro. -Claro. Casi un año y medio, un amigo de la zona de Puerto San Martín venía todos los viernes, hacía las giras conmigo y los domingos o lunes pegábamos la vuelta a San Genaro. Tenía un Uber propio yo, jaja. Es un amigo, un hermano del alma. Después ya me instalé acá.