En MDT 146 cuenta su fórmula para mantenerse en lo alto de la movida tropical

En la última edición de la revista publicamos una extensa nota al cantante santafesino, al cumplirse su aniversario número 13 como solista.

Mario Luis recordó cómo se decidió a dejar su rol como cantante de Aclamado Amistad y salir con su propia banda. Reveló quiénes fueron sus puntales en ese momento, el cálculo de trabajo que hacían, donde vivió en los primeros meses y dónde fue su primer show en esa nueva etapa.

También, cómo fueron transcurriendo los primeros meses, ya convertido en un éxito.

Mario Luis ya lleva 13 años conviviendo con el éxito. Ni bien arrancó se convirtió en suceso y ya no paró.

Y lo que valoran sus colegas y la gente que lo aprecia es que jamás cambió su manera de ser. Y esa es, según coinciden muchos, una de las fórmulas para su larga permanencia.

 -Algo que te destacan es eso, que el éxito no te mareó- le comentamos.

-Yo arranqué a los 17 años en un grupo, el Aclamado Amistad, de buenos profesiones y, sobre todo, buena gente. Aprendí con ellos el respeto, la predisposición al trabajo, la conciencia y el agradecimiento. Fue para mí una escuela muy linda. Estaba formado en el respeto. Y cuando llegó el éxito ya llevaba 23 años de escenario. Las luces no me iban a encandilar así nomás. La noche me puso y me pone a disposición muchas cosas, pero yo nunca entré en esa. En Buenos Aires conocí a Alejandro Estigarríbia, a Raquel (su esposa en ese momento, con quienes peleamos codo a codo en esos inicios) y a la gente que ellos me presentaban. Con los músicos tengo un gran trato, de confianza y respeto, pero soy del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Mis amigos de fierro están en Santa Fe. Acá aparecieron muchos que me invitaban a comer asados y a reuniones y yo nunca me enganché en ninguna. Seguí como a los 17, con la misma conducta: descansar, no fumar, no tomar, cuidarse. Los del Aclamado me decían: “Mario, nosotros dependemos de vos. Si mañana no podés cantar porque estuviste de joda, la culpa es tuya. Si es porque estuviste enfermo, es otra cosa”. Yo era un pibe que no existía los fines de semana. Dormía todo el día. Me levantaba a la noche y salía con la perchita. Siempre fui muy metódico. Las luces no me encandilaron. La que me ofrecieron no la quise.

(Parte de la nota que leés en MDT 146)