-Estoy hecho un pibe- repite Carlitos “La Mona” Jiménez en cada uno de los shows que brinda cada fin de semana. Inclusive lo dice después del problema de salud que lo llevó a estar varios días internados, a fines del año pasado.

Pero volvió con el mismo entusiasmo de siempre, se esforzó en los ejercicios de gimnasia (en especial, en el agua) y de a poco le imprimió sus despliegues danzantes de siempre a cada uno de sus recitales.

Como si tuviera 20 o 30 o 40 años, no los 68 que cumplió hoy.

Todo Córdoba celebró, de distinta manera, el cumpleaños del “Rey del cuarteto”, como le dice la mayoría. O “El mandamás”, como lo nombran otros.

Es emblema de Córdoba y de la música de esa provincia, el cuarteto, que lo tiene como su máximo exponente.

Lo festejará con su público mañana en el Estadio Forja, que seguramente estará desbordado de fanáticos que lo siguen “de toda la vida”, como expresan cuando los medios periodísticos del país (y de otras latitudes) los buscan para dar testimonio sobre esa pasión inexplicable e interminable.

En su documento figura como Juan Carlos Jiménez Rufino. Nació el 11 de enero de 1951 en la ciudad de Córdoba y ya desde chico demostró pasta para el arte, como bailarín y cantante de folclore. Su padre fue la influencia mayor para esa pasión por la música que demostró pronto el flaquito morocho, juguetón, que se trepaba sin parar a los árboles, por lo cual muy pronto se ganó el apodo de “Mono”, “Monito” y “Mona”.

Un cásting al que se presentó a los 15 años lo sacaría para siempre del folclore y lo metería en el mundo del cuarteto característico, como cantante del Cuarteto Berna. Ganó el concurso y también un nombre artístico: Carlitos Jiménez. Al tiempo se fue de la banda y comenzó a cantar en El Cuarteto de Oro, dirigido por su tío Coquito Ramaló.

Tras un primer disco grabado con la banda que fue un gran fracaso, llegó el primer éxito. El segundo disco, “Cortate el pelo, cabezón”, lo fue llevando hacia arriba. Al poco tiempo impondría “La gaita del lobizón”, que sería una de las marcas de su carrera.

En 1984 se hizo solista, siguió sumando sucesos, hasta que en 1995 llegó el himno de su carrera: “Quién se ha tomado todo el vino”.

Los fanáticos de La Mona pueden citar de memoria decenas de más éxitos, entre ellos “Beso a beso”, que superó todas las barreras sociales y se canta en todo el país. Porque La Mona Jiménez es uno de los emblemas musicales de Córdoba, pero también es ya un referente ineludible de la música popular argentina.

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