CONFESIONES DE UN PIONERO; PRIMERA PARTE DE LA NOTA PUBLICADA EN MDT 79, EN SETIEMBRE 2013

Lo que transmitió Víctor “El Ratón” duarte en aquel setiembre tiene una enorme vigencia. No sólo porque habla de la historia, sino también por su entusiasmo constante por la música, que conserva algunos años después. También, por su gran vigencia como artista.

Decíamos en aquella nota que es de esa raza de músicos que no se rinden al pasado y piensan que lo mejor está allá adelante.

Todavía está fresco en su memoria el día en que Juan Carlos Denis le hizo escuchar los primeros acordes de un nuevo género musical en una piecita humilde de Santa Fe. Fue el día en que Víctor “Ratón” Duarte decidió dejar atrás la cumbia colombiana que entonces todos tocaban en su Santa Fe natal y se volvió el primer hincha de ese nuevo estilo (la cumbia con guitarra eléctrica) que le proponía Denis.

El  Ratón fue el primer cantante de Los del Bohío, la banda fundacional, la que le dio nombre a la cumbia de su provincia, un género que enamoró a varias generaciones.

Víctor Duarte cantó seis años y medio con Bohío y hace 34 es la voz de su propia formación, Los Lamas, que ya está en la memoria de tanta gente con “Primer amor” y “Locura de quererte”, entre tantos éxitos. No se detiene en la nostalgia. Más lo emocionan sus actuales noches en los bailes de Buenos Aires, donde reside desde hace años.

Se sorprende que pibes y pibas de veintipico le muestren con fervor el cuerpo tatuado con algún emblema de Los Lamas y enarbolen las banderas dedicadas al grupo con pasión religiosa. 

-Para mí, todo lo que vivo es increíble y me impulsa a más –nos dijo, en una larga nota a corazón abierto.

Por ejemplo:

 -Algunos me dicen que hice cosas grandes por la música y yo le respondo que no me doy cuenta. Me parece que, en realidad, me falta mucho por hacer. Y siento que todavía puedo y debo dar más. Por otro lado, la gente me lleva a que siga en el escenario, donde me divierto, porque los pibes me transmiten una gran energía y me alientan a buscar algo más.

-La otra noche coincidí en Joya, de Sarandí, con Pablo Lescano. Nosotros veníamos después de él. Yo me puse en un rincón y me maravillé con su show. Me emocioné de ver como vibraban con cada una de sus canciones y en un momento pensé: “Si ahora cierran el baile nadie va a reclamar nada”. Y cuando él bajaba, di un paso para saludarlo, porque ese pibe es un ídolo para mí, y cuando me vio fue él quien me abrazó primero. “¡Maestro!, ¿cómo anda? ¡Un gusto poder saludarlo!”, me dijo el loco, y me quedé sin palabras.

(CONTINUARÁ)