EL “OJO CLÍNICO” QUE AVISORA EL FUTURO EN UN CLUB DE BARRIO O EN LOS GRANDES DE LA ARGENTINA

Osvaldo Mansour le contó a MDT de sus inicios en la música con Los Palmeras, Leo Mattioli y Dalila y su mala experiencia –en lo económico- con bandas muy importantes de México.

Todo eso lo hizo en paralelo con el fútbol, su gran pasión.

-¿Fuiste futbolista?

-Sí. Estuve en varios clubes, entre ellos Deportivo Italiano y Estudiantes de Buenos Aires. Era enganche. Muchos me elogiaban, pero enseguida supe que a mí me gustaba jugar a la pelota, no al fútbol. Terminé en Paladini, de la Liga Rosarina.

-¿Cómo te hiciste técnico?

-Fue en el año 94. Un amigo del barrio que me había dirigido de chiquito me metió por ese camino y fue lo mejor que me pasó. Arranqué en la Sociedad de Fomento Barrio Parque Sarmiento, de San Miguel. Al año siguiente ya salí campeón. Fue una gran alegría. Fue creciendo todo lo mío con la música y yo ya estaba dirigiendo a los chicos. Además del club de barrio, también empecé a dirigir en Italiano. Me gustaba, aunque en un momento tuve que elegir.

-¿Cuándo fue?

-Cuando empezamos a trabajar fuerte con Dalila. Era infernal, así que paré con el fútbol. Cuando retomé fui a estudiar y en el 2005 formé parte de la primera promoción de técnicos que salieron del instituto de River. Entre otros con el hijo del Beto Alonso y Fernando Gamboa. A los tres días de recibirme llevé a River a Leandro Vega, que jugaba en el barrio para mí, y Gabriel Rodríguez, que era el coordinador general de las inferiores y manejaba todo, me dijo que si tenía pibes así que me fuera a trabajar con él. Y me metí en un mundo hermoso, que tiene sus cosas como en todos lados.

-Contanos de Driussi, que hoy está en Estados Unidos después de pasar por Rusia, y de Enzo Fernández, que ya es titular en River y llegó a la selección argentina. Vos los entrenaste de chiquitos.

-Sí. Unos fenómenos. Driussi, Augusto Batalla, Leandro Vega, Emanuel Mannana, el ecuatoriano Casquete, formaron parte de la categoría 96, que le dio muchos títulos a River. La mayoría de esos pibes pasaron por las distintas selecciones juveniles de Argentina. Yo tuve la alegría de decir que estuve con ellos, formando parte de un equipo de trabajo que se ocupaba de los pibes. Todos los clubes tienen gente para eso.

-¿Cómo se hace para ver quién va a llegar y quién no entre tantos talentos?

-Con el tiempo vas desarrollando un “ojo clínico”. Y no sólo hay que mirar la técnica; también el físico, averiguar de su vida, la familia, los amigos, porque todo ayuda o condiciona. Y si estás convencido que ese pibe tiene futuro le decís al club para que se preocupe, por ejemplo, de sacarlo del barrio. Después pueden ocurrir muchas cosas en el proceso. A Palacios le teníamos mucha fe, pero con los años parecía que no despegaba, hasta que lo hizo.

-¿Qué Palacios?

-Exequiel, que hoy está jugando en el Bayer Leverkusen, de Alemania. La familia es de Famaillá, Tucumán, y lo vimos en un campeonato en Sunchales, Santa Fe. Le dijimos al club que lo trajeran. Así fue. Hablaron con los padres y ellos decidieron mudarse. Vinieron a vivir a casa de familiares en José León Suárez y el club les consiguió trabajo a los padres. Y mirá lo que es la vida: de chiquito, además de River, jugaba en la Junta Vecinal de José León Suárez, que tiene en su historia dos que llegaron más lejos entre los que pasaron por allí: él y yo. Por supuesto que estoy orgulloso de lo que hice, pero lo de él es extraordinario.

Exequiel tenía un problema: era muy chiquito y por eso parecía que no despegaba; pero cuando lo hizo, no lo paró nadie.

-En un momento te fuiste de River, ¿no?

-La primera vez que me fui fue en el 2013. Como te decía, en el fútbol también pasan cosas. No todo es color de rosa. Dirigí en Parque Chas, que es filial de River; en Social Parque, el mayor formador de pibes del país. Allí estuve con Alfredo Alonso que, entre otras cosas, tiene el pergamino de haber descubierto a Julián Álvarez. En 2015 volví a River, pero tiempo después me tuve que ir otra vez por diferencias con Pipa Gancedo, que tiene peso en el club.

-Y ahora estás en Boca. Pasaste al máximo rival. ¿Vos de qué cuadro sos?

-De San Lorenzo, así que no tuve problemas en pasar de uno a otro. Estoy en el departamento de busca talentos de Boca, trabajando para Jorge Rodríguez, coordinador del fútbol infantil del club y a quien le dicen “El ciego”. ¿Sabés por qué? Porque descubrió a unos 200 jugadores que poblaron los clubes argentinos, entre ellos Riquelme, Pinola, etcétera, etcétera…

-¿Qué sentís cuando los jugadores que dirigiste desde chico llegan a primera división?

-¡Un orgullo terrible! Porque los ves crecer, porque conocés de sus sueños, porque compartís muchas cosas con ellos. Y ellos te van devolviendo todo con mucho sentimiento. Muchas veces pasó que los pibes me avisaron que debutaban en primera antes que a sus padres.

-¿Con la música cómo siguió tu vida después de la experiencia con los mexicanos?

 -En el 2012 me sumé al equipo de Celi, que se volcó al mundo del cuarteto. Se convirtió en el representante de Ceberio al poco tiempo que Ale dejó Tru la lá y se hizo solista. Además, me aboqué a un negocio familiar. Con mi papá y mi hermano teníamos un local frente a la planta verificadora de vehículos de San Miguel (norte del conurbano bonaerense), donde viví toda mi vida, al menos hasta que mi pareja me llevó a Ciudadela, aunque a San Miguel vuelvo siempre. En ese local vendíamos los formularios para los trámites. Era un comercio próspero. Hasta que en el 2015 el presidente Macri y la gobernadora Vidal cambiaron reglas de juego y esos formularios los maneja el estado, creo que a través de la Gendarmería.

-Música y fútbol no parecen compatibles.

-No lo son. Me pasaba de venir de trabajar con Dalila y así como llegaba tenía que buscar a los pibes para algún partido. Pero el fútbol siempre fue mi pasión. Mis tres hijos son futbolistas; Agustín, el mayor, debutó en la primera de All Boys; el del medio, Facundo, está en Español, y el más chico, Santino, en Almagro.

-Imagino que hay muchos grandes momentos vividos con el fútbol que te llenan de alegría. Si tuvieras que elegir uno, con cuál te quedás.

-La final sudamericana Sub 20, en Uruguay, en 2015. Argentina, con cuatro o cinco pibes que yo vi crecer, jugó contra el local y contra 60.000 personas. Fue terrible. Y allí estaban Batalla, Vega (es mi ahijado), Mamanna, Driussi (hizo un gol)… Ganamos 2 a 1. Imaginate cómo salimos de ese estadio, jajajaja. Esa es la máxima. Pero tengo muchas, porque nombramos a unos cuantos de River, pero hay muchísimos más que salieron del club de barrio y pasaron por Argentinos, Vélez u otros equipos y hoy están en primera en Argentina, Sudamérica o en Europa, caso Vega que está en Chile o Maxi Romero, que está en PSV Eindhoven, de Holanda. Con todos hay un gran cariño, un llamado, regalos, recuerdos…

-¿Tu máxima alegría en la música?

-Haber grabado un disco en vivo con Dalila y verla crecer tanto, con entre 15 y 18 bailes, cuando en el arranque tuvimos 1 y medio. Con Leo Mattioli también se dio ese proceso. Cuando se hizo solista me hizo escuchar el álbum debut y yo le dije que no me gustaba. Obviamente, él tenía razón y yo no. Después vivimos tanto éxito con él. Momentos increíbles que uno simplemente disfrutaba como si nunca fuera a pasar. Situaciones que a la distancia son increíbles. El otro veía un video y me di cuenta que en el 2001, cuando cayó De la Rúa, en la terrible crisis del país, mientras había una represión sangrienta en la 9 de julio, nosotros festejábamos con Leo tres noches a pleno en el Gran Rex.  

Muchos hoy me dicen: ¿Cómo no tenés una foto con Leo? Es verdad. Nunca me gustó joder con las fotos a los artistas. Pero, además, a Leo lo tenía ahí todo el tiempo; no se nos ocurría que eso podía pasar tan rápido.

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