Antonio Ríos contó su etapa como goleador y la posibilidad que tuvo de ir a Racing

Esta es la tercera y última parte de la nota que en su momento publicamos en MDT. Fue una larga charla con Antonio Ríos, en la que nos contó su vida, que dimos completa en la edición 124 y que ahora volcamos a nuestra página web para que también la disfruten aquellos que no pudieron leerla en su momento.

En esta parte de la nota, Antonio recordó que en la adolescencia fue futbolista.

-No hace mucho, en un programa de televisión te invitaron a patear un penal y casi enterraste al arquero. Todavía le pegás con precisión y mucha fuerza. Dicen que jugabas muy bien al fútbol.

-Jaja. Sí, pateé muy fuerte y casi lo mato al que hizo de arquero. El fútbol siempre me encantó. De pibe tuve chances, pero me cagó El Porvenir. A los 16 años fui a acompañar a un hermano a una prueba y allí estaban varios pibes del barrio que me empezaron a llamar. Mi hermano era arquero, y no quedó. Pero el técnico, como los vagos me alentaban, me preguntó si sabía jugar. Como no había llevado nada, me mandaron a pedirle toda la ropa al utilero. Y a los 10 minutos del partido me dijo que quedaba. Me gustó porque estaban todos los pibes del barrio. Eso fue a los 16 y el contrato que me hicieron fue por dos años. A los 18 me volvieron a fichar hasta los 20, pero al poco tiempo tuve posibilidad de entrar a Racing. Y entonces El Porvenir me puso trabas, se enojó y no me quiso entregar el pase. Estaba en la quinta y era goleador. Jugaba de 11, así como Di María, que baja y sube. Andaba bien. Pero esa actitud me dio bronca y largué el fútbol. Después me arrepentí mucho, porque capaz que tenía que haber aguantado un poco.

-¿Qué hacías? ¿Empezaste a trabajar?

-Sí, en una curtiembre, 12 a 13 horas por día. Me casé a los 21 y dejé de cantar como hasta los 25. Volví con un grupo de rock del barrio que se llamaba “Base fundamental”. Se me armó el re quilombo en casa. Mi señora no quería saber nada. O es tu grupo o tu casa, me intimó. Yo le contesté: “Voy al grupo. No estoy dejando de trabajar por cantar. Quiero un futuro. Y si no me apoyás, hasta acá llegamos”.

-¿Estabas casado?

 -Sí, y ya tenía dos chicos. Diego tenía un añito y estaba también Griselda.

-¿En Sombras arrancaste enseguida?

-¡Tenía una mala leche con los grupos! Primero canté en Green, del padre del Chelo y de Javito. Era un grupo paraguayo y cantaba polca y otros géneros que salían. Hacía tres salidas por noche y me pagaba 10 pesos. No estaba con ellos por la plata, porque la verdad pagaban poco; iba porque me gustaba cantar y esperaba que alguien me viera para invitarme a otro grupo. Y un día me cambiaron por otro porque decía que cantaba muy fuerte. De allí me voy a Sombras porque me manda a llamar Juan, el tecladista.

-¿Juan Zapana?

 -Sí, el dueño del grupo. Es más. Creo que estoy cantando por Juan. Con ellos entré a hacer coros. Tenían muchas fiestas bolivianas, pero yo cantaba de todo: cueca, huayno, cumbias… Entré cantando dos cumbias y el vago que cantaba estaba medio resentido y me hizo la camarilla con los otros, para rajarme. Y a los cuatro meses se juntaron en una fiesta y me dijeron que me tenía que ir del grupo. Y justo llega Juan, que no estaba en esa conversación, preguntó qué pasaba y cuando le dijeron, se plantó: “Antonio de acá no se va porque yo lo traje y yo soy el dueño del Grupo Sombras”. Y esa noche pareció a propósito porque empezó a cantar el otro y lo trataron con frialdad y cuando entré yo, me aplaudían como loco.

-¿Grabaron enseguida?

-¡Ah! Ahí pasó otra cosa. Hacía como dos años que estábamos y no habíamos grabado. Un día un amigo, Víctor, “El salteñito de oro”, nos llevó a grabar a Leader Músic, porque se iba Adrián. A Juan no le gustaba mucho. Lo convencí y armamos un Demo. Cuando se lo llevamos al director musical, Enrique Recke, lo escuchó atentamente y después nos dijo: “Suena muy bien el grupo, ché, pero no me gusta la voz”. ¡uh! ¡Un golpe en el pecho! Me mató. “Entonces es verdad que canto para la mierda”, pensaba. Me tiró a la mierda todos los sueños. -¿Y qué pasó? -Otra vez saltó Juan por mí. Con mucho respeto le dijo: “Mire, señor. ¿A usted no le gusta como canta Antonio? ¡A nosotros nos encanta! Aparte, es el único cantante que tenemos y la gente paisana, nuestra gente, lo adora, lo ama, así que deme el Demo que le traje y nos vamos a otra compañía”. Y entonces Recke metió violín en bolsa y le dijo a Juan: “No, no. Si a ustedes les gusta está todo bien”.

-¿Hubo algún otro momento así de fuerte en tu carrera?

-Sí, una vez me vinieron a buscar para Sony Músic de México, a través de Miguelito Escalante, que trabajaba con ellos. Me fueron a escuchar a Fantástico, de Once. Vinieron y me citaron para el martes. Yo estaba re famoso, mal, con MalaGata. Pero me aclararon que no querían al grupo, que me querían a mí. Y yo les dije que no podía abandonar a mis compañeros porque estábamos en pleno éxito. Me ofrecieron unos cuantos “verdes”, un departamento y una nueva vida allá. Tenía que competir con Marco Antonio Solis, que se despegaba de Los Bukis. Yo la pensé y le dije que no. Otra oportunidad se me dio en el 2000, a través de BMG, pero Warner me ofreció más plata y me quedé. Dos veces no fui a México.

-¿Te arrepentiste alguna vez?

-Sí, un montón de veces. Con el tiempo EMI intentó llevarme, pero ya no fue posible, capaz que por el desprecio que les hice en su momento.

-¿Dónde cantaste fuera del país?

-Chile, Uruguay, parte de Brasil, Australia, Canadá, Francia, Estados Unidos, Suecia, Noruega…

 -Vos mismo confesaste que tu debilidad son las mujeres, cosa que en el ambiente se sabe muy bien. ¿Cuántos matrimonios tuviste y cuántos hijos?

-Matrimonios sólo el primero, y parejas largas, muy pocas. Con Mariana de Melo estuve cinco años, después con una chica chilena estuve nueve años. En total tengo 16 hijos y tres de corazón, hijos de mis parejas. Con todos tengo una gran relación, de mucho cariño y respeto. La verdad que no me puedo quejar por todo lo conseguido en mi carrera y en la vida. Y lo bueno es que todavía tengo mucho para darle a la música. Me siento entero y la gente, sobre todo los más jóvenes, me tratan con mucha admiración. Y eso me renueva día a día las energías.