Esta nota fue muy emotiva.
Marcelo Zapana mostró solidez de espíritu e intentó en todo momento conservar la calma. Pero por momentos no pudo disimular los sentimientos.
Su voz se quebró en un par de oportunidades y los ojos se pusieron vidriosos.
El dolor profundo quedó reflejado en las palabras y en el gesto. En el esfuerzo por no llorar.
Un sentimiento que fácilmente comprenden quienes conocen de la relación que había entre Juan Zapana (fallecido el 2 de enero) y él, que era aún mayor que la de un padre e hijo.
Porque trabajaron juntos durante muchísimo tiempo. Porque no sólo compartieron los avatares propios de un grupo musical en cuanto a la organización y los proyectos.
También el día a día de las giras y de los shows. Eran compañeros y amigos. Cómplices en los triunfos y en las derrotas.
De eso habla esta nota publicada en MDT 142.
-Hace ya dos meses de su partida y todavía no puedo superarlo. Toda la familia no lo entiende, no lo acepta. Lo buscamos en todo momento.
-La gente de todo el mundo parece sentir lo mismo. Cuando se conoció la noticia, nos llegaron saludos de todos lados. De Alemania, Francia, España, Italia, México, Perú, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil y toda la Argentina. Me decían: “Fuerza”, “No aflojés”, “Tu papá fue un maestro”, “Fue el creador de la cumbia norteña, no lo vamos a olvidar”…y cosas así. Lloraba y lloraba al leer esos textos. Y en medio de mi dolor, se me inflaba el pecho porque mi viejo ha dejado un legado enorme.
(La nota completa la leés en MDT 142)