NO SE OLVIDA DE SU INFANCIA CON NECESIDADES Y ARMÓ UNA OLLA POPULAR EN LA CASA DE SU MADRE

Diego Méndez siente que la música fue siempre la ayuda  para superar las enormes dificultades de origen.

Este es el relato de este joven que comenzó de niño en bandas barriales, que recorrió muchos países, primero con Banda Uno y  luego con La Otra Dimensión, y que al disolverse esta última formación tuvo la oportunidad de concretar su viejo sueño de cantante solista:

-Lo mío arranca de la cuna. Mi padre fue músico toda la vida. Él me hizo dar mis primeros pasos en percusión y tuve el gusto de tocar sobre un escenario junto a su banda. Luego me largó solo para que pudiera armarme mi estilo musical. Después de estar en varias bandas barriales ingresé a una que se llamaba Baila Baila, pero no es la que luego Lechuga sacó para Magenta. Es uno anterior.  Con ellos empecé a pisar estudios de televisión e hicimos giras. Después ingresé al Grupo Uno, con la voz de Dani. Seguí viajando, me formé más y viví momentos increíbles. Hasta que  tuve la mala suerte de perder a mi padre y mi cabeza hizo un click. Me quise bajar de todo. Cada vez que subía a un escenario lo recordaba y eso no me hacía bien.

-En una gira en Cochabamba, Bolivia, donde éramos furor con Grupo Uno, coincidimos con Ariel Puchetta, ya solista. Sergio Aranda, que estaba con Ariel, vio el show y escuchó que Dani me despedía. Cuando bajamos, se acercó a preguntarme por qué había tomado esa decisión y le conté que quería hacer el duelo por mi padre. Me contó que venían de Chile, luego seguirían a Perú y que al terminar la gira se pondría en contacto conmigo. Así fue. Me contó que preparaban algo nuevo, que se llamaría La Otra Dimensión y si quería hacer una prueba, sin compromisos para ellos ni para mí. Fui, me sentí bien y el fin de semana empezamos con una gira por San Luis. Ahí me adoptaron y tuve el gran privilegio de estar con ellos 10 años de mi vida. Y puedo decir que me profesionalicé, junto a grandes amigos, hermanos de la música y de la vida.

-Después de tanto recorrer provincias, países, televisión, escenarios diferentes y todo tipo de público, me quedaron vivencias inolvidables y las enseñanzas musicales de Maury Juárez, el sentido de la organización de Sergio Aranda y el manejo del escenario y la relación con la gente de Ariel Puchetta. Una síntesis de lo que viví con ellos y tantos músicos que conocí allí y ahora son como mis hermanos (foto).

-Luego de pasar 10 años con La Otra Dimensión, Ariel tomó la decisión de dejar la banda y al tiempo contó que volvía a Ráfaga. Fue un momento triste para mí, porque se disolvía una banda que era el sostén de mi familia. Pero al poquito tiempo comprendí que Ariel se iba a su lugar de cuna, de donde él salió y que si lo hacía era por algo. Y eso me dio la fuerza de poder encarar lo mío. Tuve la suerte y privilegio de conocer a una persona muy buena que me ayudó muchísimo, llamado Gustavo Soto, de GS producciones, quien no dudó un segundo en brindarme su apoyo cuando escuchó mi historia.

-Así llegó mi momento como solista. Siempre me gustó esto del canto,  ya tenía mi banda armada, de barrio,  y lo que ocurrió con La Otra Dimensión me dio la posibilidad de armar este proyecto. Gustavo Soto (foto de abajo, izquierda) produjo a Diego Méndez y es parte importante de mi carrera, junto a mi amigo y manager Javier Esteban Imenson (abajo, derecha).

-Hoy estoy muy feliz con la parte musical. La pandemia detuvo lo que venía siendo un crecimiento sostenido. Es lo que nos tocó vivir, pero no nos quedamos de brazos cruzados y seguimos generando nuevos temas. Y muy pronto se conocerán más.

-La pandemia, con la pobreza que trajo, descolocó a mucha gente. No es mi caso. Sé lo que es la miseria. Con mi familia (papá, mamá  y hermano) vivíamos en un lugar muy carenciado. Cuando llovía se inundaba nuestra casa, la familia se separaba a la casa de los vecinos. Y cuando bajaba el agua era volver a empezar. Así fui creciendo. La pobreza me enseñó a ver la vida de otra manera. Me gusta ganarme lo mío con el lomo, trabajando honradamente. Esos son los valores que aprendí de chico, aunque  comíamos día por medio y nuestro plato principal era el hígado con cebolla.

-Por eso toda mi vida fue de ayudar. Hace 8 años que soy padrino de una fundación  para niños con Síndrome de Down, con capacidades diferentes, y un comedor. En esta cuarentena estoy dando comida a la gente  en el domicilio de mi madre, donde tenemos una olla popular, los miércoles, sábados y domingos y los martes, merienda. Todo esto lo hago con la ayuda de mucha gente trabajadora, laburante, que me conoce de toda la vida.

-Por supuesto hoy estamos cruzando los dedos para que esto pase pronto y que  nuestros colegas y amigos no hayan perdido algún familiar o conocido. Casualmente, a un amigo de mis inicios en Baila Baila lo llevó este maldito virus. Por eso uno espera que esto pase pronto, que todos los bolicheros puedan abrir sus locales, que se reactive todo, que regrese la normalidad y que podamos volver a trabajar.