SIN EMBARGO, SORPRENDE QUE TODAVÍA SE SIGA DESAFIANDO AL VIRUS

Darío González, El Inimitable, falleció de Covid luego de una dura pelea, que se conoció entre los amigos y generó largas cadenas de oración.

Dos días antes de su muerte pareció que saldría y su familia subió a las redes sociales fotos en las que se lo veía sonriente. Con la misma alegría contagiosa de siempre.

Así se lo conoció desde el primer día que apareció en la movida tropical, como cantante del Grupo Angora y como parte de Clan Tropical, la productora de Cholo Olaya.

Cuando sus canciones se hicieron conocidas, con su estilo bien colombiano, Darío también sorprendió sobre el escenario.

La banda, de por sí, era impactante, con músicos de alta escuela, con los sonidos de los caños y bailarinas que le daban mucho sabor al show.

Un show que tenía su voz inconfundible y su presencia. Darío sorprendía con su manera de moverse, por como pisaba el escenario y por cosas que decía y hacía (como subirse a los parlantes).

Pablo Lescano recordó por estas horas que creció escuchándolo y que le quedó para siempre en la memoria cuando de chico lo vio tirar un vaso de vino hacia el público, por supuesto luego de beber el alcohol que contenía.

Le hablaba a los cornudos (“no seas gorreado”, les decía), a los borrachos, a la gente que se divertía, a los bailarines,  y derramaba piropos a las mujeres.

Sus frases venían de los barrios del Gran Buenos Aires, especialmente de la zona sur del conurbano, que caminaba incansablemente.

Fue protagonista de la época dorada de la movida tropical, la de las grandes ligas, con bailes que se multiplicaban como hongos por todo el conurbano y la Capital Federal. Había sitios, en todos los partidos del Gran Buenos Aires que tenían tres o cuatro grandes locales uno al lado del otro, y todos se llenaban cada fin de semana (que, en algunos casos, comenzaba el jueves y terminaba el lunes).

Era la época de las grandes bandas, con músicos que competían por ver quién tocaba mejor, que se encontraban el martes o miércoles en la zona de SADAIC, en el centro porteño, para hablar de lo que había ocurrido el fin de semana porque en las noches de baile, aunque se cruzaran varias veces, no tenían tiempo para hablar porque andaban “a las chapas”, como decían entre risas.

Darío forjó una leyenda en la movida tropical desde ese arranque glorioso: el tipo siempre jovial, generoso con sus colegas (los de su época y los jóvenes que iban surgiendo), defensor de su estilo, nada dócil en el trato con las discográficas y las productoras, juerguista y orgulloso de la eterna bohemia del músico.

Su condición de showman, su fraseo para entonar la cumbia y pisar el escenario fue copiado muchas veces, pero nunca alcanzado. Por eso, le decían “Inimitable”.

Darío es otra víctima del maldito virus que castiga al mundo. En la movida tropical ya se fueron varias figuras muy conocidas, entre cantantes, representantes y gente del medio radial y televisivo. También, muchos músicos y familiares de gente del ambiente.

Son parte de los 61.644 muertos que acumula Argentina por COVID hasta la fecha.

Sin embargo, todavía hay gente que la niega, todavía hay gente que no se cuida y que se presume de vivir la vida como antes, sin distanciamiento, sin cuidados…

Allí están las fotos que dan testimonio, más allá de las palabras.

Después, cuando ya todo es tarde y sólo queda el dolor por lo irreparable, se acuerdan de palabras, como “cuidate”, que -por sus acciones diarias- se advierte que para muchos son simples latiguillos vacíos.