LAS REFLEXIONES DEL CANTANTE BRASILEÑO, QUE TIENE AL CUARTETO COMO SU NUEVO DESAFÍO

– El músico no se hace en televisión, ni en un concurso; se hace desde abajo, con el don y con oficio, cantando en bares, en ferias, en familia, en locales chiquitos y en multitudinarios. La música necesita de oficio y es como el amor; no tiene idioma, no tiene ojos, entra por el corazón.

-Yo soy como una radio. Pero no la de segmentos, la de un género musical solamente. Soy de esas radios que pasan de todo. Por eso canto bossa nova, los clásicos de Brasil, pero también folclore argentino, tango y cuarteto. 

-Badi, que es mi productor y amigo,  es un artista internacional con un corazón mundial. Las primeras veces que lo vi fue cuando yo vivía en Brasil y él se presentaba en el programa de Xuxa.

Nunca imaginé que esa persona talentosa, trabajadora e inspiradora, sería mi productor y tendría la generosidad de llevarme a un nuevo estilo de canción.

Sé cantar todos los géneros, gracias al oficio de mi abuelo y padre. Cantaba en bares. Cantaba “Garota de Ipanema” tres o cuatro veces en la misma noche porque, viste como es trabajar de cantante en esos lugares: el público se renueva. He cantado en una gira con María Creuza y me impresionó su humildad. La misma sencillez que encontré en Badi, una persona de la misma estirpe.

Siempre tiene música en la cabeza. Es casado con una brasilera y tiene una hija muy talentosa. Descubrió una cosa en mí que nunca imaginé. Lo conozco desde hace más de 30 años. Siempre se la pasa trabajando. Nunca tuve padrinos artísticos. El primero es Badi, El Principito, que hace puentes, no muros. Un creativo a quien le das un limón y hace limonadas, como ocurrió conmigo. Me llevó a cantar cuarteto y me transformó la vida.