El Grupo Sombras cumplió 40 años de trayectoria el 22 de noviembre pasado en plena gira por Perú y Bolivia. No hubo festejo especial, sólo íntimo, entre los integrantes de la banda y algunos allegados. Todo muy sobrio y recatado, como fue siempre esta formación argentina que recorrió el mundo con su música y que sigue llevando su estilo inconfundible a todos lados (la imagen que acompaña esta nota es de un afiche para un recital en La Paz, del viernes 23 de noviembre).

Juan Zapana, creador del grupo, le impuso su estilo personal a la formación desde el primer día y hoy Sombras llegó a los 40 años con la misma humildad de siempre. Su carrera, que nunca decayó, continúa sin estridencias.

En MDT 138, Juan Zapana y su hijo Marcelo (integrante del grupo y también manager general) hablaron de pasado, presente y futuro del grupo. En una parte de la nota, el creador de la formación se refirió a los comienzos, ante un comentario nuestro.

-Te debe pasar en todas las notas. Es inevitable volver una y otra vez a los inicios del grupo. Seguramente, también en tu memoria.

-Sí, jaja. Uno no se olvida de los inicios, sobre todo cuando son como el nuestro, bien desde abajo. Debe ser porque uno anda a las corridas, sin medios, pero con unos sueños enormes. Me acuerdo que éramos grupo soporte de otros más conocidos. Tocábamos muchas horas y hacíamos toda clase de música: cumbia, rock, baladas y ¡hasta tarantelas!, en cumpleaños, casamientos, bautismos,  aniversarios de clubes, todo lo que apareciera…Lo importante para nosotros era tocar. No era tanto por la plata, aunque si llegaba, mucho mejor.

-¿Cuándo fue el salto? ¿Te acordás del año?

-¡Cómo no! Fue en 1988, cuando un sello discográfico nos invitó a grabar nuestro primer disco, “A todo baile”. Y de ese material surgió nuestro primer éxito: “La mala gata”.

-Nada menos. Seguramente fue un cambio total para ustedes.

-Fue algo muy lindo. Pasamos a ser un grupo conocido y nuestros temas sonaban en las radios. Una alegría inmensa.

-Sí, pero en pleno éxito, el grupo se separó.

-Tuvimos algunas diferencias y algunos de los músicos decidieron formar su propia banda. Fue todo de común acuerdo, sin peleas.

-Lo recordás tranquilo, pero seguramente fue duro porque se fue la mitad del grupo. Habrás pensado: a empezar otra vez.

-Un volver a empezar, es verdad. Tuve que buscar nuevo cantante y músicos para la banda. Fue difícil, pero no imposible. Las pruebas están a la vista, ¿no? Yo siempre digo que en casos como esos es cuando se nota la importancia de la familia.

-También cambiaste de sello discográfico.

-Sí, porque vi que no tenía el apoyo necesario. No me fue mal. A veces las cosas pasan por algo. El nuevo disco, “Dulce amor”, fue Disco de oro, tuvo muy buenas ventas.

-Sin embargo, al poco tiempo tuviste que saliste otra vez a buscar un cantante. Aunque ese cambio, con el tiempo, marcaría un momento no sólo de tu vida, me imagino, sino también de la movida tropical.

-Fue una lástima todo lo que pasó, porque veníamos muy bien, la gente nos seguía, teníamos trabajo, era una buena etapa. Y otra vez hubo que parar, pasé mucho tiempo buscando a un nuevo vocalista…Como dije antes: nunca perdí la fe. Por algo pasan las cosas. Creo firmemente en eso. Y la vida me demostró que es así. Cuando arrancó esa nueva etapa me sentía muy optimista, pero jamás imaginé que llegaríamos a tanto. Conseguimos cosas muy lindas. Fuimos el primer grupo de cumbia en pisar el Teatro Gran Rex, el disco “Boquita de caramelo” consiguió el Disco séxtuple de platino. Fue impresionante esa época. Lo tengo todo filmado y, además, hay momentos que cruzan por mi mente como si fuera una película.

Marcelo, su hijo, que lo llama Juan como todo el mundo, comenta que su padre nunca fue de quedarse en la historia y que no suele hablar mucho del pasado sino todo el tiempo del presente.

-Siempre está proyectando –agrega-. A veces le decimos que pare un poco, que podría no viajar tanto, pero no quiere saber nada.