A Jonathán Muller se lo conoce como El Villano. Su primer éxito en la música fue en la movida tropical y todo lo bueno que llegó después fue con una simbiósis entre ese género y otros ritmos, como el trap y el reggaetón. Hoy su gran suceso es el tema “Millonario”, que a días de su lanzamiento sumó millones de visitas en YouTube y ya no paró más. El villano vive un gran presente, nada que ver con su infancia pobre.
De sus inicios y de su presente habla en MDT 137, que actualmente encontrás en los puestos de diarios y revistas.
A continuación, una parte de la nota.
-Nací en Gregorio de Laferrere, en La Matanza, en una familia humilde. Me crié con mis abuelos maternos ya que soy hijo de mamá soltera. Estuve allí hasta los 6 años, cuando mi mamá conoció a mi padrastro y nos mudamos a un pueblo de Córdoba, de donde es él.
-Mi madre cuenta que al año y medio ya bailaba e interactuaba, que era muy payaso y que alegraba a la familia. La enseñanza de mis abuelos era muy linda, yo tuve una infancia feliz con ellos. Mi mamá iba a trabajar y yo me quedaba con mis abuelos, que me dieron lo mejor que tenían.
-El pueblo al que me mudé se llama James Craik. Caímos allí, mi mamá porteña, yo porteño, y la vida fue muy dura porque estábamos en una situación económica muy baja. Mi papá trabajaba en obras y venía cada 15 días con una plata que no alcanzaba para nada. Hace poco –para la grabación de una historia- visité la casa donde me crié y está todo igual; la misma piecita donde dormía, con sus cortinitas de tela gastada y las paredes descascaradas, casi sin pintura. La cocinita donde lavaba los platos para ayudar a mi mamá.
-Tenía hermanitos chicos y había que comer, había que mantenerlos, y a los 8 años empecé en la lucha por ayudar a la familia. Mi mamá estaba embarazada de mi tercer hermano, estaba en cama, no se podía mover, no podía hacer nada; mi padrastro estaba trabajando lejos de casa, y entonces me las ingeniaba yo. Salía a vender botellas o iba al mercado y embolsaba las mercaderías a la gente por la propina.
-A medida que iba pasando el tiempo, había que usar el ingenio para sobrevivir. Mi mamá empezó a preparar empanadas y yo salía a la calle, levantaba pedidos y después las entregaba. ¿A qué edad? Tendría 10 años. Me paraba primero en una esquina y, si me sobraban, salía a golpear puerta por puerta. Y capaz que nosotros vendíamos las empanadas y ni comíamos. Por ahí nuestro menú era mate cocido con pan, sobre todo para los más chiquitos. Ellos tenían la prioridad
-Me acuerdo que me despertaba en mi cama en Córdoba y me imaginaba que era la pieza de mis abuelos en Laferrere y que me iba a levantar y que iba a estar en una casa mejor. Hoy parece muy loco y delirante, pero la verdad es que desde chiquito sabía que iba a salir adelante, que no iba a terminar en esa u otra casa parecida. Sentía que mi vida iba a cambiar mucho algún día y estaba convencido que lo haría gracias a la música. ¿Por qué pensaba eso? La verdad, no lo sé. Tal vez todos los niños pobres piensan eso. Aunque hablando con otros de mi edad, me decían que estaba loco. Así que todos no pensábamos lo mismo.
– A los 11 vi en la tele un aviso del programa “Generación pop”, invitando a la gente a que mandara su “casete” porque buscaban nuevos talentos. Le dije a mi mamá que tenía que hacerlo, grabé algo y ella lo mandó. Al tiempo le contestaron que me aceptaban, que tenía que traerme a Buenos Aires para el casting. Cuando me enteré que me habían seleccionado se me encendieron todas las ilusiones, quería sacar a mi familia adelante, pero la verdad fue que no pude viajar porque no teníamos ni para el boleto. Eso me rompió el alma, fue como si se me quebrara un sueño.
-En el pueblo había un cantante llamado José Videla, al que todos conocen como Coquera. Tenía una banda de cuarteto. Yo no lo conocía. Un día mi vieja necesitaba una herramienta. Enfrente de mi casa había un taller y fue a pedirla allí. Después me dijo que devolviera la herramienta y cuando me cruzo y entro al galpón veo que adentro estaba armada una banda. No sabía que era el taller de Coquera y resulta que mi mamá le había hablado de mí y le pidió que me cumpliera un sueño. Me volví loco cuando vi todo preparado para tocar. Coquera me pidió que cantara y después me dijo que me iba a llevar a un baile; ese fue el momento más feliz de mi vida.
La nota completa la leés en MDT 137.

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